Allí nos fuimos un fin de semana a comer y dar una vuelta por la zona.
En un entorno precioso, rodeado de verde y naturaleza, el restaurante tiene una decoración moderna y acogedora, todo en tonos rojos, negros y blancos que contrastan con el edificio antiguo.
La carta es variada y tira mucho de recetas tradicionales sin demasiadas moderneces ni cosas raras, cosa que de vez en cuando se agradece.
Otra cosa que también se agradece, aunque debería ser más común en restaurantes de este pelo, es que si vas a compartir algún plato te lo dividan en dos raciones y no te lo planten en medio de la mesa. Evidentemente, no todo se puede dividir fácilmente, pero lo que se pueda debería servirse así. Aquí, por suerte, lo hicieron y nosotros encantados.
Nos sacaron un pastelito de cabracho de aperitivo que continuamos con dos entrantes a compartir.
Un risotto de sepia con langostinos en salsa de verduras al patxaran y aceite de azafrán. Quitando el patxaran, que no fui capaz de distinguirlo por ningún lado, el resto estaba exquisito. Lo mejor de la comida.
El otro entrante fue una crema de ajo blanco ... diferente, pero en la que casaban perfectamente todos los ingredientes. Despedazar el puré de patata con jamón y el idiazabal en la crema resultó ser una grandísima idea. La crema iba templada y el puré de patata caliente, quizás demasiado caliente.

Crema de ajo blanco con puré de patata al jamón Ibérico con yemas de trigueros y crujiente de Idiazabal
De segundos, también a compartir empezamos con Mero acompañado de un puré de patata con pimentón, unas verduras y un sofrito de tomate y almejas. Con diferencia lo que menos me gustó. El mero en su punto, pero poca ración y abrasando. El puré de patata al pimentón me resultó excesivamente fuerte y mataba el sabor de todo lo demás ¡Y eso que me encanta el pimentón!
Y para acabar un solomillo con salsa de hongos al PX y un rulo pequeño de cabra. Más que correcto.

Solomillo a la plancha con salsa de hongos al Pedro Ximenez, queso de cabra a la plancha y vinagre de miel
No llegamos a los postres porque las raciones son abundantes, como podéis ver en las fotos. ¡Tened en cuenta que las 3 últimas solo son medias raciones, ya que las dividieron porque eran para compartir!
Se come bien pero, para mi gusto, la relación calidad precio es mejorable. Por ejemplo, deberían cuidar más el tema de las temperaturas, porque algunas cosas tuvimos que esperar un buen rato para poder sacarles algo de sabor. Por lo que suena bastante pretencioso lo que pone en su (más que mejorable) página web: "un restaurante de lujo".
La réplica de Crisiscreativa
La verdad es que no sé cuánto tiempo lleva este sitio abierto pero es una opción muy recomendable para ir a comer un fin de semana o hacer alguna celebración. Como bien señala el Pitxiflú verde hay algunos aspectos a mejorar como el control de temperaturas en los platos pero también puede ser algo puntual. En cuanto a la comida, mi favorito fue el ajoblanco, aunque la verdad es que todo estaba muy rico, el risotto también fue una gran elección. Llama la atención la decoración del local, la modernidad de los colores elegidos para la decoración (blanco, rojo y negro), contrasta con la apariencia exterior del edificio y su entorno bucólico pero a su vez se integra perfectamente. Y sí, si algo es muy mejorable es su web, que no da la sensación de calidad que transmiten el restaurante y su comida, pero no es el único restaurante que peca en este aspecto. Una lástima porque sin conocerlo, puede haber gente que descarte el local por este motivo y el Izarza es una opción muy válida que merece una visita.





















