
Esta vez por adelantado volvemos a pedir perdón por las cutre fotos. Se nos olvidó la cámara y la luz del restaurante no era la mejor para la cámara del móvil. Sorry. La de arriba está sacada de su web.
El local está situado en un antiguo almacén de sales, cerca de la ría y de la antigua aduana. Un lugar un tanto extraño para un restaurante, diréis. Pues si, pero la amplitud, el diseño y la decoración del restaurante es espectacular. Paredes de piedra, metal oxidado, madera e iluminación tenue, creando un ambiente de comodidad e intimidad perfecto para comidas tranquilas, sin prisas, relajadas e, incluso, románticas. ¡Ya sabéis a donde ir para sorprender a la pareja!
En vez de darte una carta te dan un periódico propio con noticias relacionadas con el restaurante o con temas gastronómicos. La mayoría de los artículos se pueden leer en el blog de Aitor, el cual os recomiendo. En las páginas centrales tenemos la carta y en la trasera los postres. La carta es muy curiosa, al contrario de la organización a la que estamos acostumbrados de Entrantes, Carnes y Pescados, en este caso viene dividida en tres estilos diferentes: Verde (no necesariamente vegetariano), Km 2 (con productos de la tierra) y Travelling/Mundutik (elaboraciones internacionales). Cada ingrediente o plato tiene una preparación diferente por cada estilo. Suena complicado, pero sí le echais un vistazo vereis que no lo es tanto. Además, por sí la carta se os queda corta, siempre ofrecen algún otro plato del día.
Tienen un menú los mediodías de 20€ en el que puedes elegir dos platos y un postre. Aparte la bebida. Es una muy buena opción para comer un excelente menú a un precio comedido.
Por suerte es uno de los pocos restaurantes que conozco en Bilbao que tienen una mínima carta de cervezas. Por desgracia esa carta es bastante mejorable ya que son todas del grupo Damm. No quiero decir que sean malas, tienen unas pocas salvables, pero ya que se meten a hacer una carta de cervezas, no hubiese estado nada mal que trajesen algo más de variedad y calidad. Espero que algún día las cervezas tengan el mismo tratamiento que el vino ...
Evidentemente no me quejaría sobre las cervezas si no tuviesen ninguna carta, así que no me malentendáis, prefiero esta oferta a no tener nada. Algún día hablaré de la Damm Inedit, una cerveza que se ha hecho famosa por ser apadrinada por Ferrán Adriá, sin embargo bastante regulera en su estilo (probad una Hoegaarden o una Blanche de Namur y me entenderéis) pero que me vale si ha servido para abrir los ojos a alguien sobre la posibilidad de comer y maridar con buenas cervezas.
En este caso nosotros pedimos la Radeberger, una Pilsen normalucha.
Para comenzar pedimos un Carpaccio de buey teriyaki, foie, sal d’es Trenc, caramelo y sirope de soja. Impresionante y completamente diferente a otros carpaccios que había comido. El buey con el foie, la sal y los costrones de pan frito con sabor a ajo formaban un conjunto sorprendente y delicioso.

Como segundo entrante íbamos a haber cogido una marmita de setas, espárragos y cebolletas, pero no nos la recomendaron por ser de cuchara y difícil de compartir. En vez de eso nos recomendaron unas quisquillas que tenían fuera de carta, asadas en brasas de encina. No me convencía del todo porque lo que había en la carta me atraía más, pero ante la insistencia del maitre las cogimos y ahora no me arrepiento. Estaba estupendas, crujientes y con mucho sabor a mar. Además era una buena ración.

Ya de segundos nos fuimos a por dos platos dentro del "Bascook Brasa", el Kebab de pato y el Euskal Txerri. No sabría con cual de los dos quedarme, si con la espectacularidad del Kebab o la "sencillez" de las hamburguesitas de cerdo. Seguramente me quede con el Euskal Txerri, cocina tradicional dada una vuelta de tuerca; pero eso no quiere decir que el pato no fuese una pequeña maravilla.
Para ser un poco quisquilloso diré que los platos de los segundos deberían haber estado calientes, porque antes de acabar de comerlos ya se nos quedaron fríos.


Y para acabar, los postres. Uno de ellos, el de tallarines de café, cremoso de cacao blanco y capuccino dejaré que os lo cuente la otra Pitxiflú.
Yo, como buen amante del queso, me lancé sin pensarlo a por el Coulant de queso Carranzana. Que gozada al abrirlo y ver el queso liquido dentro. Venía acompañado de un helado de membrillo y unas frutas del bosque heladas. Genial, quizás algo pequeño comparándolo con el otro postre.


Un restaurante al que quiero volver cuanto antes para probar muchas otras cosas de su carta. Puedo decir que es uno de los restaurantes que más me han gustado últimamente, tanto la propuesta, como el sitio, como el servicio y, por supuesto, la comida estuvieron a gran nivel.
PD: Como cotilleo, nos sirvió una camarera que trabaja o trabajaba en La Compañía del Ron y La Casa del Bandido. Así que seguramente pongan unas copas más que buenas ;)
Simplemente espectacular. Y eso que íbamos con muchas expectativas y podríamos habernos decepcionado al más mínimo traspiés pero es que no hubo ninguno. De la mayor parte de la comida os ha hablado el pitxiflú verde, con el que estoy de acuerdo 100%. A mí me ha dejado para comentar la delicia de postre que comí. Os pondré en antecedentes, soy una persona nada golosa por lo que pido postre en muy contadas ocasiones y suelo tirar a algo de chocolate (sin pasarse que me empalago) o café. Total, que he encontrado el postre perfecto para mí. Los tallarines de café con cremoso de chocolate blanco bañado en capuccino tiene su justa medida de chocolate para no cansar combinado genialmente con los toques de café. Lo recomiendo encarecidamente. Por otro lado, por la parte que me toca no quería dejar de hablar tanto de la decoración como de la imagen y planteamiento del local. La obra del mismo ha corrido a cargo de Verno, una consultoría de diseño ubicada en Bilbao y de la que parece que Aitor Elizegi es socio. El contraste de materiales y el juego de luces que han conseguido dotan al restaurante de una atmósfera cálida y confortable sin descuidar cierto aire de modernidad. El caso es que en ningún momento te sientes en un restaurante estirado, a lo que contribuye también el detalle de que todos los camareros lleven broches de Bob Esponja. Para terminar diré que hay un detalle que me encanta y es que a la hora de salir fui como siempre a por una tarjeta para mi colección y cual fue mi sorpresa cuando vi que no es que tenga una sino una docena de diferentes diseños de tarjeta que interpretan cada una a su forma el logo de Bascook. No sé si es una gran idea previamente calculada o simplemente una forma de mostrar todos los posibles diseños que se barajaron al principio, en cualquier caso muy original. Habrá que volver, porque me daba un poco de vergüenza ponerme a coger una de cada y sólo cogí 4 ó 5 pero habrá que volver para completar la colección.
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