
Fuimos un grupo de amigos, así que entre lo que pedían unos y lo que pedían otros pudimos probar de casi todo.
El restaurante está ubicado en el muelle de Uribitarte, en el antiguo Depósito Franco que servía de almacén portuario. Forma parte de todo el complejo de edificios Isozaki Atea (supongo que de ahí viene el nombre del restaurante). De ese edificio se mantuvo la fachada original y por dentro se construyó el restaurante con una filosofía innovadora para lo que estamos acostumbrados en Bilbao. Mesas altas y largas en las cuales tienes solo hay unos pequeños cristales para separar a los comensales. Muy moderno, minimalista, con música a un buen volumen, y con todos los detalles cuidados.

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Pertenece al Grupo Zortzi de Daniel Garcia, el cocinero del Zortziko y del Viejo Zortzi, ambos grandes restaurantes de Bilbao. El primero algo prohibitivo y el segundo más asequible. Puedo asegurar que se come de muerte en los dos.
La oferta gastronómica también se sale de lo común, jugando con recetas y alimentos tradicionales junto a otras propuestas más originales. Muy curioso me resultó la forma de presentar en la carta los entrantes, vienen por unidades: una croqueta, una molleja, etc ... Así que te puedes montar tus entrantes como quieras, sabiendo que son casi de bocado y que el precio es incluso más barato que el de un pintxo. Eso sí, como eramos unos cuantos, a la hora de pedir te sientes un poco glotón: 7 de tal, 8 de cual, 6 de pascual, 7 de ...
Además también tienen otros entrantes en forma de raciones para compartir.
Bueno, vamos allá. Empecemos con los entrantes.

Pulpo frito con Ali Oli y a mi me da que también tenían algo de curry. Sorprendente.
Lo que parecen unos buñuelos son Wantoo de morcilla. Igual el entrante más "regulero", y eso que me encanta la morcilla y ésta estaba muy buena.

Croquetas de chipirones y más Wantoo. Las croquetas estaban tremendas, muy cremosas y con mucho sabor a mar.

Mollejas a la provenzal. Grandes, tiernas pero frías. Estaban tan frías que supongo que la idea es sacarlas así, no tenía pinta de que se hubiesen enfriado en el plato. La salsa más que una provenzal me recordó a una salsa vizcaína. Pero bueno, que las mollejas estaban muy buenas.

Hojaldre relleno de txistorra y queso de oveja. Quizás el más tradicional de todos y seguramente el que más nos gustó a todos. Simplemente perfecto.
Vamos a por los segundos.
Además de los platos de la carta, el camarero nos ofreció bacalao al pil pil y salmón asado a baja temperatura con pisto. Así que la cosa estaba complicada.

Salmón asado a baja temperatura con pisto. El salmón estaba muy jugoso y en su punto. En general un buen plato pero que igual desmerece un poco al lado del resto.

Pavo relleno de bacón y queso. Lo que yo probé estaba buenísimo, aunque si que se quejaron de que la salsa escaseaba y estaba un pelín seco.

Entrecot con pimientos y patatas fritas. No llegué a probarlo, pero tenía muy buena pinta y estaba hecho al punto, como se pidió.

Pato confitado con salsa de jerez. Casi lo mismo que el pavo, muy bueno de sabor, pero escaso de salsa y algo seco.

El triunfador del día. Nada más servirnos el plato nos quedamos todos mirando ese pil pil verdoso, esa textura y un bacalao blanco y con una pinta estupenda. Y así fue, estaba buenísimo, perfecto de sal, el pil pil exquisito con mucho sabor a buen aceite. Todo un acierto pedir ese plato, aunque no fuese yo.
Los postres los pedimos con el resto de la comida, nos comentaron que el Volcán de chocolate necesitaba bastante tiempo de horno y que era mejor pedirlo al principio que no esperar luego a que se cocinase.

Tarta Helada de Vainilla y limón. No me suelen gustar los helados, aunque este estaba bueno y bastante cremoso. De todas formas, yo no lo pediría.

Tarta de queso con chocolate blanco. Este si que estaba buenísimo, solo probé un poquito y me quedé con ganas de más.

Y por fin el Volcán de chocolate. Típico bizcocho relleno de chocolate líquido que tienen en tantos y tantos restaurantes. Para mi, que soy poco de dulce pero mucho de chocolate, estaba buenísimo. Buen colofón.
En conclusión, un espacio moderno y con una propuesta diferente y original. La calidad está asegurada por quién está detrás y por lo que pudimos ver. El trato es excepcional, desenfadado y muy cercano. El precio es bastante reducido para lo que se come, aunque hay que tener claro que no es un restaurante para salir a reventar (a no ser que cada uno se coja 10 entrantes). Nosotros salimos a algo menos de 35€ cada uno, habiendo comido y bebido bien en cantidad y calidad. Pero está claro que si pasas del vino y te haces un menú algo más reducido puedes salir perfectamente por 20 o 25€ tranquilamente.
Me parece un restaurante perfecto para comidas de amigos, para celebraciones familiares o para llevar a los que vengan de fuera, y todo ello sin dejarnos un pastizal. Espero volver muchas veces.
La verdad es que llevábamos tiempo con ganas de ir al Atea y he de reconocer que hasta que no reservamos para ir pensaba que era un concepto de restaurante más habitual y cuando digo esto me refiero al estilo de comida y servicio y no a su estilo porque basta con pasar por la puerta para ver su moderno diseño y sus toques de vanguardia. En este sentido, me tengo que poner algo crítica, ya que pensaba que el local era algo más grande. Creo que el motivo de que haya mesas altas ha sido intentar aprovechar la altura del techo del local y dar una especie de perspectiva diferente a los comensales, como en niveles. Sin embargo, a mí me faltaba espacio. Supongo que el querer mantener ciertos aspectos originales del edificio ha limitado las posibilidades de un espacio, que a pesar de esto, han intentado que sea lo más funcional posible. En cuanto a la comida, la idea de los entrantes/pintxos me pareció muy original pero para otra vez me gustaría probar los entrantes "tradicionales" para compartir porque se veía pasar cosas con muy buena pinta. De los que comimos, suscribo lo dicho por el pitxiflú verde y me quedo con el clásico básico: el hojaldre de chorizo y queso. En cuanto a los segundos, siempre me pasa lo mismo, que veo el de al lado y me da envidia y en este caso lo que más envidia me dio por su aspecto y por cómo lo devoraron sus dueños fueron el bacalao y el entrecot. Entre esas dos opciones estaré en nuestra próxima visita. El muslo de pavo relleno estaba bueno, pero para mi gusto algo seco, más que nada por falta de salsa que por otra cosa, nada que no se arregle con una cucharadita más. De los postres, la verdad es que no soy muy golosa y comí un poco de volcán de chocolate y probé alguna otra cosa pero mi paladar es bastante inmune a todo lo dulce por lo que no tengo opinión ni buena ni mala al respecto. En resumen, un sitio al que me gustaría volver un día con menos gente y seguir investigando entre las originales opciones que ofrece.



